ML Siglo XII

De Cancioneros Musicales Españoles
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Cono ayutorio de nuestro dueño dueño Cristo,
dueño Salvatore, qual dueño yet ena honore
a qual dueño tienet ela mandatione cono Patre,
cono Spiritu Sancto, enos siéculos de los siéculos.
Fácanos Deus onmipotes tal serbicio fere
que denante ela sua face gaudiosos seyamus.


Estas palabras han sido consideradas durante mucho tiempo como la primera muestra de escritura en castellano. Se trata de una glosa Emilianense, es decir una anotación al margen del códice Aemilianensis, datado entre finales siglo X y principios del XI, que se conserva en el Monasterio e Yuso en San Millán de la Cogolla (La Rioja).

Estudios posteriores han puesto en duda, no sólo que se trate de la primera muestra escrita, sino que se trate de palabras del idioma castellano. Respecto a esto último, dichos estudios consideran que se trata de la variedad riojana de la lengua navarro-aragonesa, y en cuanto a la primera afirmación, tal duda se fundamenta en el descubrimiento de documentos más antiguos que parecen quitar el honor de ser las más antiguas muestras escritas conocidas del castellano, como los Cartularios del Monasterio de Santa María de Valpuesta (Burgos), con textos provenientes del siglo IX, o el inventario de quesos confeccionado por el hermano despensero del Monasterio delos Santos Justo y Pastor de la Rozuela (León) probablemente del año 975, más conocido como Nodicia de Kesos.

Nos sustraeremos de la discusión de si estos últimos pueden considerarse, o no, una muestra de escritura castellana, ya que sólo son palabras sueltas de una lengua protorromance insertadas en un texto escrito en un tardío latín o, como dice la RAE, escritos en una lengua latina asaltada por una lengua viva.

En efecto, para el objeto de este documento lo relevante es saber que existen pruebas documentales de que las lenguas protorromances, de donde se deriva el castellano, ya estaban en la boca de los moradores de Castilla, Navarra, La Rioja, etc.

Con Fernando III el Santo empieza a generalizarse la escritura en castellano, pero es su hijo Alfonso X el Sabio, rey de Castilla entre 1252 y 1284 el gran impulsor de lenguas romances como lenguas usadas en los textos escritos, en especial el galaico-portugués y el castellano siendo ineludible citar Las Cantigas de Santa María. Así pues toma relevancia la presencia documental de la literatura en lenguas romances precisamente en el siglo XIII. Así pues, es en el siglo XIII cuando empieza a ser habitual una literatura escrita en lenguas romances, mientras que en el siglo XII sigue el absoluto predominio del latín en los reinos cristianos (Pedro Compostelano), la Historia Roderici o la Crónica najarense (último cuarto del siglo XII). Además de obras en árabe [Ibn al-'Arabī de Murcia (1165-1245), Abū-l-Bacqā' de Ronda (1204-1286) o Ibn al-Abbīr de Valencia (1199-1260)] y judaico [ Mose ibn Ezra (ca.1055 - d1135), Yehuda Halevi (ca. 1070 - 1141), Mosé ben Maimón, Maimónides (1135-1204)].

Pero, a pesar de ese predominio de otras lenguas, las lenguas romances se han ido abriendo paso desde muchos antes. En el siglo XII ya era antiguo el uso de las glosas, es decir, el uso de anotaciones al margen aclarando el texto en latín, lengua cada vez mas alejada del uso cotidiano de los hispanos, que, como ya se ha dicho, contaba con una importante tradición oral en lenguas protorromances. Es la época del mester de juglaría, basado en las representaciones populares de los juglares, que no huían de incluir en sus historias recursos que hicieran más atractivos sus espectáculos al público al que se dirigían, introduciendo localismos, exageraciones, humor e incluso procacidades, aparte de la falta de respeto a las normas "cultas" del uso del lenguaje si ello les parecía oportuno o conveniente.

Ya en el siglo XIII, el mester de clerecía reniega del de juglaría en su misma acta fundacional, el Libro de Alexandre cuya autoría es atribuida por algunos autores a Gonzalo de Berceo, por otros a fray Juan Lorenzo, o a un autor anónimo. Podemos leer:


Mester traigo fermoso non es de juglaría
mester es sin pecado, ca es de clerecía
fablar curso rimado por la cuaderna vía
a sílabas contadas, ca es grant maestría.

No resulta justo este ataque, ya que el mester de juglaría juega un papel primordial en el desarrollo de las lenguas romances españolas, a pesar de todas sus transgresiones, a la vez que salvaguardó narraciones, personajes y leyendas, tan relevantes en nuestra historia como el Cid o los Infantes de Lara.

En efecto, el Cantar de Mío Cid, datado en por Menéndez Pidal en 1140 y en 1207 según estudios más recientes de Timoteo Riaño Rodríguez y M.ª del Carmen Gutiérrez Aja, tiene sus raíces en una tradición oral mantenida al menos desde la muerte de su protagonista (1099), lo que corrobora que el nacimiento y paulatino desarrollo de la literatura castellana se fundamenta en la tradición oral, ya que se trata de una lengua nacida en las proximidades del inicio del segundo milenio, con una preponderancia abrumadora del analfabetismo entre las clases populares y un completo dominio del Latín en las manifestaciones cultas y administrativas.

No es el único caso de historias y obras que nos han llegado, con su contenido más o menos alterado por el tiempo, gracias a la labor de algunos trascriptores que, ya avanzada la edad media decidieron dejar el recuerdo de narraciones que sin duda contaron con gran aceptación popular. Es el caso, además del Cantar de mio Cid, del Cantar de Roncesvalles, escrito también a principios del siglo XIII, que cuenta con un antecedente en las propias glosas Emilianenses.

Además, a finales del siglo XII van apareciendo las primeras obras que se escriben en prosa romance, principalmente de tipo histórico y jurídico. En primer lugar, están las Crónicas navarras (h. 1186), el linaje de Rodrigo Díaz (1195) o el Liber regum (h. 1196-1209). Es inevitable recordar el Auto de los Reyes Magos, por el momento la primera muestra del teatro español.
No debe olvidarse que cuando hablamos de árabe hablamos de una variante andalusí que, en un proceso de ósmosis, tiene un reciproca influencia respecto a las lenguas romances, hasta el punto de que los entendidos hablan de una lengua romandalusí en la que se compone entre los siglos X y XI, jarchas, zejeles y algún tipo de moaxajas. Para terminar, vaya un ejemplo de jarcha que se encuentra mucho más cerca del castellano medieval que del árabe tradicional:


Vayse meu corachón de mib.
ya Rab, ¿si me tornarád?
¡Tan mal meu doler li-l-habib!
Enfermo yed, ¿cuánd sanarád?
Mi corazón se va de mí.
Oh Dios, ¿me tornará?
¡Es tan fuerte mi dolor por el amado!
Enfermo está, ¿cuándo sanará?